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domingo, 28 de agosto de 2011


Crecemos. Aprendemos. El agua moja, el pescado está asqueroso, fastidiar a tu hermano mayor es un deber, cuando juegas con fuego te quemas, decir mentiras está mal... y las matemáticas se encargan de poner el resto de problemas. Pero crecemos. Y cuando la inocencia se va, la ilusión ya no es lo que era. Y por qué. ¿Por qué la responsabilidad tiene que hacer que lo veamos todo medio vacío? Igual que los tortazos en bici no te quitaban las ganas de volver a montar, o que buscar caramelos en la cocina a escondidas sólo nos aumentaba la emoción por el factor riesgo de que te pillaran... Deseemos cosas imposibles, intentemos lo improbable.

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